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Pelotuda

Julieta: -¿Y qué querés que haga? ¡Estoy sola, Chelu! Hace aaaños que nadie me dice que me quiere y un mensaje de él es como estar en el cielo. Ya sé, ya sé. Soy una boluda.

Celeste: -Sí, sos una boluda.

Julieta: -Y vos la amiga de la boluda.

Celeste: -¿Y al final qué quería?

Julieta: -Que le presentara a Ricardo.

Celeste: -¿Y qué le dijiste?

Julieta: -Me vas a matar.

Celeste: -¡Sos una pelotuda! Pe-lo-tu-da.

Como era de esperarse, Potencial Desastre no iba a dar puntada sin hilo. Ese “ponerse al día” no podía ser un genuino intento de saber cómo estaba Julieta, en qué proyectos estaba trabajando, etc. Potencial Desastre necesitaba un contacto. Necesitaba que Julieta hiciera ese contacto.

Por supuesto, Julieta prometió hacerlo.

Cuando una nace pelotuda para ciertos menesteres, será pelotuda hasta la muerte.

Talón de Aquiles

El viernes, Julieta me avisó por mensaje de texto que Él (a quien de aquí en más denominaremos "Potencial Desastre") la había llamado. Por supuesto, mi respuesta fue algo así como "no le respondas" o "no le hables".  Mi poder persuasivo es poco eficiente, aparentemente. Más tarde esa misma noche, recibo el siguiente mail:

De: Juliet
Enviado: viernes, 26 de junio de 2009 09:26:44 p.m.
Para: Chelu

Chelus! Sé que te vas a enojar, pero le dije que sí. Qué podía hacer, a ver, decime. Vos sabés cómo es todo. Hace 2 meses que no sé nada de él y quiero verlo. ADemás, cuántas son las veces que EL, justo EL me llama, decime. Re pocas, poquitísimas. Voy a verlo mañana en Palermo. ni te pregunto qué me pongo, sé que vas a mandarme al carajo. Te dejo un besito, Chelu. Después te llamo.

Todavía no tengo noticias de ella. Este fue un domingo muy particular para todos. De todas maneras, tampoco necesito saber detalles, porque hace muchos años que escucho interminables historias referidas a Potencial Desastre.

Este muchacho es el Talón de Aquiles de Julieta y tiene un sentido de la oportunidad envidiable. Pasa meses sin dar señales de vida y cuando se le ocurre hacerlo, Julieta está siempre en uno de esos momentos en los que estar sola se le hace cuesta arriba. Potencial Desastre le hace una inocente invitación para "ponerse un poco al día" y luego vuelve a desaparecer. 

Julieta dice que no cree que Potencial Desastre vaya a cambiar un día. Dice que no espera nada de él. Pero sigue estando dispuesta cada vez que está sola y a él se le ocurre llamar. 

¿Por qué cuesta tanto despegarse de todo aquello que nos gusta pero que, a la larga, nos hace mal?

Danger Danger Danger

Me pasé una semana tratando de convencer a Julieta de que la salida no es ingresar en un convento de clausura y dedicarse a contemplar la naturaleza en silencio y abstinencia.  Si bien no tenía enormes expectativas respecto de la salida del sábado pasado, tampoco esperaba que las cosas salieran tan mal. A veces, las ideas que nos hacemos de los otros están tan teñidas de lo que queremos ver, que nos volvemos incapaces de prevenir potenciales desastres.

Potencial desastre es lo que puede ocurrir hoy, precisamente, si Julieta hace caso omiso al mensaje que acabo de responderle.

Hace unos minutos, recibo el siguiente mensaje: “me llamo. q hago?”

En el universo de Julieta, sólo una persona puede llamar un viernes a esta hora y generarle ese mambo en la cabeza.

Saturday night live

Sábado a la noche. Julieta se animó a salir con un hombre que se procuró por sus propios medios y que hacía un par de semanas que venía planteando una salida.

No quiso darme demasiados detalles así que no sé si no lo hizo para no “quemarlo” o porque ya de antemano piensa que será uno más de tantos.

Las primeras citas son siempre esperanzadoras. Me parece que, por lo menos, sin importar todas las cosas que uno diga cada vez que salen mal, muestran que todavía seguimos creyendo que vale la pena seguir intentando.

 

¿Hace cuánto que no tenemos una primera cita?

¿Un clavo saca otro clavo?

Hace un par de años, Julieta y yo estábamos tiradas al sol en el jardín de mi casa. Mi hermano, que como buen hermano menor me ignora a mí y a todo lo que se relacione conmigo, cayó con un amigo. Estuvieron un rato y se fueron.

Al otro día, como quien no quiere la cosa, me dice: “Che, a Gastón le gustó tu amiga”. “¿Pero Gastón no tiene novia?”, pregunté. “Cortaron la semana pasada”, me dijo.

Gastón no es lindo, pero es muy gracioso y es un buen pibe. Lo pensé un poco y le conté a Julieta. No estaba del todo convencida pero no se negó a que fomentara un encuentro casual. Gastón estaba en mi casa cada dos por tres, así que la posibilidad de que se cruzaran era casi lógica. Era verano y teníamos tiempo de andar dando vueltas sin demasiado qué hacer.

Gastón pasó horas charlando con Julieta.

Cuando se fue, no hizo falta que me contara nada. De lejos se notaba: lo único que hizo Gastón fue lamentarse por su ex novia. En realidad, no habían cortado: ella lo había cortado. La semana siguiente, él seguía penando, cosa que en otro contexto, hablaba muy bien de él.

Lo que no puedo entender es por qué alguien manifiesta a propósito intenciones de conocer a alguien, si lo único que piensa hacer es llorar por lo que no fue.

Para mi sorpresa, la próxima vez que Gastón estuvo en casa, me preguntó “qué onda mi amiga”. No sabía si matarlo o explicarle lo que había hecho y cómo pretendía que una chica se interesara en él mientras él hacía el duelo.

Mi abuela dice que un clavo saca otro clavo. A veces, es cierto. A veces, no. Se me ocurre que eso depende de la relación que uno tenga con el clavo a sacar. Todavía no lo sé.

Hay muchos Gastones dando vueltas por ahí. Quizás ese sea uno de los problemas, sobre todo cuando andan encubiertos y asumen la postura de superados.

Hagan sus duelos y después, charlamos.

Factor sorpresa

Algunos dicen que uno no sabe lo que busca hasta que lo encuentra; otros, en cambio, sostienen que uno debe saber qué está buscando porque, de no ser así, jamás lo encontrará. Yo creo que, a veces, si uno cree que tiene muy claro qué es eso que busca, se pierde la posibilidad de percibir otras cosas que quizás ni siquiera sabíamos que podían existir. Y si no podemos percibirlas, las perdemos.

Julieta cree saber en principio más o menos lo que quiere: un hombre de entre 29 y 39 años, que viva en Buenos Aires, que sea económicamente independiente, que no sea idiota y que no sea sucio. Sería deseable, además, que fuera capaz de mantener una charla interesante sobre las cosas que le gustan a Julieta (y que, en lo posible, deberían gustarle a él): el cine, la literatura, los deportes (aunque no lo crean, Julieta sabe quién es Tiger Woods, va a ver partidos de básquet cuando juega la selección y llora (no olviden que es una chica) cuando Los Pumas cantan el himno nacional), el arte, entre otras cosas.

Sin embargo, me atrevo a pensar que ninguno de esos factores es excluyente (salvo lo de ser idiota o sucio, supongo). Eso es lo que Julieta cree que está buscando y hasta ahora no ha encontrado. Se me ocurre que este es un buen espacio para que aparezcan personas diferentes, que hagan tambalear esas ideas preconcebidas de lo que se supone que quiere para su vida.

A lo mejor, lo que necesita Julieta es que alguien la sorprenda. Un buen sacudón nunca viene mal.

De todas formas, me pregunto: ¿Saber lo que queremos funciona como un factor que nos enceguece y no nos deja ver otras cosas o nos permite salir ilesos de situaciones que nos dejarían con el corazón roto?

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