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Danger Danger Danger

Me pasé una semana tratando de convencer a Julieta de que la salida no es ingresar en un convento de clausura y dedicarse a contemplar la naturaleza en silencio y abstinencia.  Si bien no tenía enormes expectativas respecto de la salida del sábado pasado, tampoco esperaba que las cosas salieran tan mal. A veces, las ideas que nos hacemos de los otros están tan teñidas de lo que queremos ver, que nos volvemos incapaces de prevenir potenciales desastres.

Potencial desastre es lo que puede ocurrir hoy, precisamente, si Julieta hace caso omiso al mensaje que acabo de responderle.

Hace unos minutos, recibo el siguiente mensaje: “me llamo. q hago?”

En el universo de Julieta, sólo una persona puede llamar un viernes a esta hora y generarle ese mambo en la cabeza.

Factor sorpresa

Algunos dicen que uno no sabe lo que busca hasta que lo encuentra; otros, en cambio, sostienen que uno debe saber qué está buscando porque, de no ser así, jamás lo encontrará. Yo creo que, a veces, si uno cree que tiene muy claro qué es eso que busca, se pierde la posibilidad de percibir otras cosas que quizás ni siquiera sabíamos que podían existir. Y si no podemos percibirlas, las perdemos.

Julieta cree saber en principio más o menos lo que quiere: un hombre de entre 29 y 39 años, que viva en Buenos Aires, que sea económicamente independiente, que no sea idiota y que no sea sucio. Sería deseable, además, que fuera capaz de mantener una charla interesante sobre las cosas que le gustan a Julieta (y que, en lo posible, deberían gustarle a él): el cine, la literatura, los deportes (aunque no lo crean, Julieta sabe quién es Tiger Woods, va a ver partidos de básquet cuando juega la selección y llora (no olviden que es una chica) cuando Los Pumas cantan el himno nacional), el arte, entre otras cosas.

Sin embargo, me atrevo a pensar que ninguno de esos factores es excluyente (salvo lo de ser idiota o sucio, supongo). Eso es lo que Julieta cree que está buscando y hasta ahora no ha encontrado. Se me ocurre que este es un buen espacio para que aparezcan personas diferentes, que hagan tambalear esas ideas preconcebidas de lo que se supone que quiere para su vida.

A lo mejor, lo que necesita Julieta es que alguien la sorprenda. Un buen sacudón nunca viene mal.

De todas formas, me pregunto: ¿Saber lo que queremos funciona como un factor que nos enceguece y no nos deja ver otras cosas o nos permite salir ilesos de situaciones que nos dejarían con el corazón roto?

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